Éste es un cañon que hace muchos años yo ya había bajado, pero siendo Agosto teníamos que asegurarnos de ir a algún rio que llevara algo de agua, y el Balcés es uno de ellos.
La aproximación, como siempre en Guara, espectacular, y también espectacular el número de gente haciendo el río. Tanta gente había que en el primer rapel seguimos un guía que iba con dos clientes porque nos dijo que en la parte izquierda del cañón hay una instalación que nos permitiría adelantar a todos. Así hicimos, y funcionó.
El rio es guapo, aunque bastante tranquilito ya que no hay ningun salto. La famosa zona de los estrechos es una gozada de hacer, y al final de este tramo se llega al segundo y último rapel. No se si porque ya pensábamos que ya estaba acabando el aquapark, pero aquí bajamos la guardia y cometimos un pequeño error, que por fortuna se saldó simplemente con un chichón y una rascada en la naricita del Joan.
Este salto de agua tiene 3 instalaciones de rapel. Una a la izquierda, que es obvio no es la buena porque la recepción es justo donde cae la cascada. Hay una segunda instalación a la derecha, que es la que usamos, pero hay una tercera un par de metros mas adelante, conectada a la segunda instalación con una sirga que hay que usar para llegar a ella. Así, se salva la cascada. Lo que le pasó a Joan es que al bajar se quedó por detrás de la cascada y al intentar salir el remolino no le dejaba. Carles y yo usamos la tercera instalación, pero Joan tuvo que hacer un esfuerzo extra para finalmente salir de detras de la cascada.
Después de 20 años sin ponerme el neopreno, dos rios en 4 dias no esta nada mal. Aunque no es mi punto fuerte, espero ir haciendo al menos un barranquito cada temporada a partir de ahora.
Estaba claro que esa tarde teniamos ganas de marcha. Yo al menos tenia, y muchas!
Despues de comer tranquilamente en nuestra tienda/palacete en el camping de Rodellar, decidimos esperar a eso de las 6 de la tarde para ir a hacer esta via Ferrata y así evitar el caloraco que estaba haciendo. El cielo se empezaba a encapotar, bajamos desde el pueblo al barranco y no nos dió tiempo ni de llegar a la surgencia, donde unos metros mas allá comienza la ferrata, que empezó a llover bastante fuerte. Nos refugiamos en una de las numerosas cuevas que hay en el cañón, donde los escaladores de grado ni se inmutan si llueve porque ellos siguen dándole pegues a sus extraplomos. Al cabo de 20 minutos para de llover, nos decimos que hay que aprovechar la ventana y hacer la ferrata zumbando.
En un visto y no visto ya estamos al pie de la ferrata con los arneses puestos. Joan tira primero, Carles detras, y a mi como siempre me mola ir el último en estas cosas, pues cerrando el grupo.
Carles y yo vamos parando y haciendo alguna foto, pero a medida que vamos subiendo se ve claramente que el cielo se está poniendo muy negro. La ferrata es muy guapa, con un tramo en particular tremendamente espectacular. Los últimos metros los hacemos a saco, y cuando llegamos arriba nos abrazamos, no nos da tiempo ni de hacer una foto ni de quitarnos los arneses, y empieza a lloviznear.
Empezamos a hacer el camino de regreso, y justo cuando empieza a llover bastante fuerte llegamos a un punto donde hay una pequeña visera donde justitos cabemos los tres. Salvados!
Al cabo de un par de minutos empieza a granizar bien fuerte, unas piedras del tamaño de aceitunas rellenas de anchoa. Es un tormentón de cuidado. Truenos, viento, agua, mas granizo. Durante un buen rato parece que ha anochecido, pero no son ni las ocho. Después de quizá una media hora larga, afloja. Yo pienso en que tengo todas mis cosas en una zona de la tienda donde el suelo no está unido a las paredes, pienso en la propiedad de la capilaridad y concluyo que todas mis cosas están empapadas. Pero me es igual!
Salimos de la visera como párvulos saliendo del colegio. Aun llueve un poco, pasamos por delante de una cueva donde hay un montón de gente cobijada y nosotros vamos saltando de charco en charco, riendo y llamándonos a gritos, ya que Carles se ha quedado algo rezagado por culpa de la risa. Finalmente llegamos al pueblo. En una curva baja agua como a media pantorrilla. Yo paso corriendo pero arrastrando los pies, me mojo hasta los mocos. Llegamos a la tienda y... efectivamente, tengo todo empapado.
Yo calculo que tardamos unas 3 horas en hacer la actividad, de las cuales unos 23.5 minutos fueron haciendo la ferrata.
Totalmente recomendable, es divertidísima!

Mientras el maestro Carles trabaja en las fotos de esta curiosa salida he decidido postear porque no quiero que se me acumule la faena.
¿Por qué curiosa? Porque en principio Carles, Joan y un servidor queríamos haber ido al Pirineo, pero las previsiones eran malas y decidimos ir a la Sierra de Guara, donde normalmente si te mojas es porque quieres. Y también curiosa porque al cambiar de planes tan repentinamente resultó que Miguel se podía acercar y así hicimos un grupeto que hacía varios lustros no había coincidido!
Empezamos a caminar desde el mismo camping de Rodellar, lo cual es un verdadero lujazo. La aproximación al inicio del barranco es sencillamente espectacular. Tras salir del pueblo bajamos al barranco, que remontamos un rato hasta justo pasada la surgencia. Aqui, divisando ya la desafiante Cuca de Bellosta, tomamos un camino ascendente hacia la izquierda.
Durante todo el trayecto las vistas son magníficas, pasamos al lado de dos enormes robles centenarios e incluso, queridos amigos del hombre y la tierra, pudimos contemplar un nutrido grupo de buitres volando majestuosamente a poca altura sobre nuestras cabezas.
El primer tramo del barranco estaba practicamente seco, cosa que ya intuíamos. Pero despues del primer remojón decidimos enfundarnos los neoprenos.
¿Que puedo decir de esos momentos mientras nos poníamos los neoprenos? Yo hacía unos 20 años que no me lo ponía. Alguna cosa tenemos que estar haciendo bien los cuatro, cuando despues de 20 años aun somos capaces de calzarnos esos neoprenos, los mismos que cuando éramos unos bollicaos ya iban justitos!
Este barranco tiene que ser una pasada con agua. De todos modos, el siguiente tramo llevaba algo de agua, e incluso pudimos hacer algunos de los saltos, aunque no hay ninguna foto.
Poco a poco, al menos yo, iba recobrando las sensaciones de aquellos años cuando no parábamos de hacer barrancos, y haber roto el hielo con éste creo que significa que a partir de ahora habrá que hacer alguno cada temporada.
Al final, hasta me pareció corto, pero decididamente divertido, y con unos pasajes y un entorno guapísimos.
El camino de vuelta vuelve a ser un regalo para los ojos, con la perspectiva mas significativa de la Cuca de Bellosta, y el famoso agujero/cueva en la roca con forma de delfín. ¿Veis el delfín?
La conversación mientras hacíamos la última subida hasta Rodellar ya iba entorno a las birras que nos íbamos a tomar, y así hicimos, bajo un emparrado en la terraza del bareto del camping.
Abajo instantánea del grupeto al completo para la posteridad. De izquierda a derecha, Carles, Miguel, Joan y yo mismamente. Os quiero, tios!



Hacía más o menos un cuarto de siglo que Fernando y yo no nos acercábamos a la roca juntos, y ha tenido que ser su hija Amélie, perdón... Melanie, quien ha propiciado que lo hiciéramos el sábado pasado.
A sus quince años, confesó que le molan los AC/DC, asi que aqui dejo esto...
Como el día amaneció completamente encapotado y buscábamos un sitio donde hubiera vias fáciles y poca aproximación, fuimos a la Font de l'Ametlló. Lo que no sabíamos era que el día se iba a abrir, por lo que cuando llegamos pasamos algo de calor, pero había ganas!
Empezamos con la vía Burrada, de IV+, con Melanie asegurándome. Luego subió el papi y por último Melanie, que resolvió muy bien el pasito que a nosotros nos había costado incluso demasiado, y es que en esta escuela no se regala el grado.
Para no perder tiempo y como el descuelgue es el mismo para las dos vías que quedan a la derecha de Burrada, todos hicimos la vía Eukalipnos con la cuerda por arriba. El grado de esta vía es de 6a en la antigua guía Barcelona y alrededores, sin embargo en las reseñas que se encuentran por la red está decotada a V, cosa que encuentro acertado para ser consistente con el resto de vías. Bien directamente o evitando el paso clave un pelo por la derecha, los tres hicimos top.
Tras una paradita para comer las ya clásicas Lays Campesina y bocata, Fernando y yo hicimos la Xoriço, de IV+, también aprovechando el mismo descuelgue. A Melanie, algo cansada, le salvaron de hacerla unas nubes negras que iban viniendo hacia nosotros de manera amenazante. Recogimos los bártulos e incluso tuvimos que correr los últimos metros para llegar al coche porque ya empezaba a llover. En seguida empezó a granizar, de tal manera que paramos bajo unos árboles para evitar abolladuras en el coche.
Me da la sensación de que habrá otra salidita pronto. ;-)
Hay muchas cosas que aún no he hecho en esta vida, como por ejemplo llegar a una ermita escalando. Pues bien, el otro día Miguel me llevó al congosto de Olvena para subir a la ermita del Santo Cristo de Olvena por la Cresta de la Cruz.
Si os fijais vereis la parte trasera de la ermita en la esquina superior izquierda de la primera foto.
La aproximación, todo y ser de unos cinco minutos, no tiene desperdicio, ya que atravesamos un puente del siglo XIII o XIV llamado el puente del Infierno.
En total hicimos cinco largos. El primero y el último no tienen dificultad, pero los otros tres son muy bonitos. Según la reseña el paso más dificil es en el cuarto largo, que abrí yo, pero yo lo encontré mas fácil que el gendarme del tercer largo que abrió Miguel. La conclusión fue que cuando escalamos de segundo todo nos parece más dificil porque apreciamos como el que abre se ha currado el largo!
Al final del quinto largo nos desencordamos porque el resto de la cresta es muy fácil, exceptuando el saltito que dimos por encima de la valla que rodea la ermita.
El descenso es bastante obvio, y en caso de duda, como nos pasó a nosotros, los lugareños os indicaran como tomar el sendero, que en pocos minutos nos dejó de nuevo en el histórico puente.

Al ver que el pasado miércoles era el día con mejor pronóstico meteorológico de toda la semana, pospusimos nuestra subida a Vallibierna para intentar esta cresta el miércoles. El ascenso hasta el segundo lago de Coronas, donde plantamos la tienda, fue algo raro ya que por encima todo estaba tapado, incluso llovió un poco, y tanto Miguel como yo teníamos muchas ganas de que al día siguiente se cumpliera el pronóstico y pudiéramos disfrutar de esta cresta, con la que yo personalmente he soñado desde hace muchísimos años pero nunca he intentado.
Nos despertamos a las 05:30, miro fuera de la tienda y veo el cielo todo estrellado. Tan sólo un par de nubes pequeñas y la cresta se ve totalmente despejada.
Al haber dormido tan arriba, en pocos minutos estamos casi en la brecha inferior de Llosás, mirando por cual de las canales que salen a la izquierda es más conveniente subir hacia la cresta. Nos decantamos por la segunda canal (empezando desde la brecha). A todo esto comprobamos como hay nubes que saltan desde Francia y empiezan a taparlo todo, igual que los dos dias anteriores. Continuamos progresando por la cresta, y cuando llegamos al Argarot Sur empieza a lloviznar. Continuamos unos metros hasta el Argarot, y en este punto decidimos parar porque la roca esta toda mojada y lo que viene a continuación es lo mas delicado de la cresta. Esperamos casi una hora y media a ver si el panorama cambiaba, pero al final decidimos deshacer nuestros pasos y dejarlo para otra ocasión.
El Argarot es un tresmil más que añado a mi colección, pero Miguel y yo nos prometimos que volveremos, mas pronto que tarde, a intentar esta maravilla de cresta.
Aprovechando que las previsiones de tiempo no eran buenas para subir hacia las cumbres del Pirineo, nos fuimos Miguel y yo a hacer esta vía ferrata que tanta fama tiene.
Aún dejando el coche al inicio de la pista, la aproximación es cortita y en poco rato estamos a pie de vía. Desafortunadamente había un nutrido grupo de franceses por delante, progresando bastante lentamente, así que esperamos para empezar e incluso tuvimos que esperar mas tarde en dos puntos.
Yo no he hecho muchas ferratas, quiza tres o cuatro en toda mi vida, así que no puedo hacer muchas comparaciones. Lo que si es cierto es que ésta tiene tramos muy verticales, las vistas y ambiente son muy buenos y es muy variada, con un par de puentes tibetanos incluidos en el pack.
Poco después del segundo puente hay una escapatoria, y hasta aquí llegaron los franceses. El resto de la ferrata tiene una tónica diferente, ya que es un poco tumbada y no se coge mucho patio, por lo que, aunque algunos lo vean como una temeridad, incluso algún trozo lo hicimos a pelo. Supongo que acostumbrado a escalar y no a las ferratas, me rallaba ir constantemente cambiando los mosquetones de un tramo de cable al siguiente.
El primer tramo del descenso esta equipado con unas cuerdas que son de mucha ayuda, y poco después ya es un sendero normalito que nos lleva al inicio de la ferrata en pocos minutos.
Yo la encontré muy divertida, y además está super-equipada, por lo que cualquier persona, incluso niños, pueden hacerla, ya que si fuera necesario hay reuniones para poder asegurar.

