21 may 2021

Vía ferrata Cascada de Sorrosal

Por fin ha caido!

Cuando vamos a la casa que la familia Serrano tiene en Fiscal, siempre pienso en ir a hacer la vía ferrata de la Cascada de Sorrosal, que está muy cerquita, en Broto. Lo que ocurre es que tanto Gigi, como Roger, quienes siempre han dicho que es muy chula, ya la han hecho, incluso más de una vez. Sin embargo, esta vez Gigi hizo de guía y me llevo a hacerla.

Le dan una dificultad de K3, cosa que prefiero no valorar porque creo que es un tema algo subjetivo, en el que juegan muchos factores. Lo que sí diré es que, aunque no es muy técnica, es muy bonita.

Tras una corta aproximación, el itinerario va cogiendo altura hasta una faja, desde donde una serie de escaleras conectadas y paralelas a la cascada, nos llevan a un agujero en la roca.

El agujero es un túnel que tendremos que atravesar, y es el comienzo de una acequia. Es decir, en el punto en que nosotros entramos en él, sale una acequia hacia la izquierda, y en el otro extremo, al cual llegamos después de unas decenas de metros ayudados por los frontales, hay una pequeña compuerta por donde, cuando hay suficiente caudal, se recoge agua del río y se va para la acequia.

Cuando salimos del túnel, vamos resiguiendo el río hacia arriba, incluyendo un cambio de lado a través de un puente de cables. Cuando algo más arriba salimos de este tramo y se acaba el cable, no hay que guardar el equipo, ya que aunque parezca que ha acabado todo y tenemos que seguir un senderito que nos separa del río, más adelante aún hay algunos tramos equipados, hasta que llegamos a lo que se denomina el Balcón de Broto, desde donde hay una fantástica vista de Broto, de la cascada, y del itinerario que hemos seguido.

El descenso, bastante evidente, nos lleva de nuevo al pueblo, no sin antes pasar por una fuente/abrevadero con una inscripción que pone, ni más ni menos, 1936.

Bonita ferrata, que además tuvimos el lujo de hacer sin gente porque el pasado viernes era laborable. Durante el verano hay que contribuir con 2.5 euros al mantenimiento.

Sí, sí, lo que veis al final de este post es un video de Gigi tirándose por la nueva tirolina de Fiscal. Dicen que es la más rápida de Europa, hasta 160 km/h, y desciende 400 metros de desnivel en un trayecto de 2 kilómetros!



15 ago 2020

Veteranos y Gemelos, y Tusse de Remuñé

Aprovechando que nuestros amigos Patri y David andaban por la zona, y nosotros veníamos de hacer unas cuantas excursiones, quedamos con ellos en el valle de Viadós, con la intención de subir al pico Veteranos (3125m) y el Gemelos (3160m).

El día no tenía mala pinta, pero cuando llegamos a la primera cima, estaba todo tapado y claramente iba a más, y además habia un helicóptero dando vueltas, así que esta vez estuvimos poquito tiempo saboreando las cumbres, y bajamos lo más rápido que pudimos.

Días más tarde, hablando con nuestro amigo Miguel, quedamos para ir a intentar el Spijoles, pero por el valle de Lliterola y en dos días. Al final, debido un un viento bastante más potente de lo que habíamos visto pronosticado, se quedó todo en un intento, pudiendo solamente hacer un 3000, la Tusse de Remuñe (3041m), y así no irnos de vacio!

Como siempre, por eso, un placer ver a Miguel y compartir con él momentos en la montaña.

































28 jul 2020

Techos de La Rioja, Navarra y Asturias

Este verano Gigi y yo teníamos pensado hacer una ruta en bici de varios días, pero debido a la pandemia del Covid19, y que se iban cerrando áreas por las que teníamos que haber pasado, pronto decidimos abortar y confeccionar un plan B. Cuando tienes una furgoneta camper, y además te gusta la montaña, planificar como invertir unos cuantos días siempre es un problema, básicamente porque siempre te faltan días.

Cogimos todos los trastos de montaña, incluido lo de escalada, las bicis, y también los portátiles, por si acaso nos confinaban poder trabajar a finales de agosto desde nos pillara, y nos fuimos a la casa que los Serrano tienen en Fiscal, justo en el Pirineo de Huesca.

Desde allí, fuimos haciendo algunas salidas, de más o menos días, que intento enumerar a continuación.

Nuestro primer objetivo era intentar subir a los techos de algunas comunidades autónomas. Hace un tiempo nos quedamos con las ganas de subir al más alto de Asturias, bastante exigente, así que trazamos un plan para ir haciendo salidas y llegar a Picos de Europa en mejor forma de la que estábamos.

Nuestra primera parada fue cerca del refugio de Linza, desde donde subimos a La Mesa de los Tres Reyes, que con sus 2428 metros constituye el punto más alto de la Comunidad de Navarra. Excursión larga, muy bonita, que nos fue de fábula como primera ascensión.

Y lo que también nos fue de fábula fueron las migas con vinito que nos comimos después en la Venta de Juan Pito. Sencillamente espectacular, tanto el sitio como la comida. Hay que volver!

Cambiamos de comunidad y nos fuimos a La Rioja, no antes sin parar a ver a nuestra amiga Lili, que esta ahora viviendo cerca de Pamplona.

Para intentar subir al techo de La Rioja hay que subir a la estación de esquí de Valdezcaray. Nosotros nos quedamos a dormir en el parking de la estación, y al día siguiente hicimos una circular muy recomendable, que comienza muy fuerte subiendo por las pistas peladas y pedregosas de la estación, pero después hace un recorrido con unas vistas impresionantes.

De este modo, primero subimos al San Lorenzo, que con 2271 metros es el punto más alto, luego fuimos a la Cabeza Parda y por último la Cuña. Al bajar al pueblo de Valdezcaray, mientras se iba tapando el cielo amenazante de tormenta, estuvimos buscando algún lugar donde ducharnos, pero con el tema del Covid todas las duchas estaban cerradas. De hecho, por medio del pueblo pasa un fantástico rio y había bastante gente bañándose.

Cuando por fin nos convencimos que era imposible encontrar una ducha, el cielo estaba prácticamente negro. Calculamos que faltaban tres minutos para que empezara la tormenta, pero realmente necesitábamos una ducha, así que nos metimos en el río un minuto, nos secamos en otro minuto, volvimos a la furgo justo cuando empezaba a caer el diluvio universal!

Al día siguiente nos empezamos a dirigir hacia Asturias. De camino Gigi iba buscando una mochilita pequeña para mi, ya que o tenía una muy grande, o una muy pequeña. Encontró una por Wallapop, en Santander, y le iba explicando al potencial vendedor por donde íbamos. Al final quedamos en un área de servicio, y resultó que el propietario de la que ahora es mi mochilita de ataque verde era un guardia civil que además estaba de servicio. Después del flash, continuamos nuestro periplo hacia Picos.

Si la excursión a la Mesa fue larga, la del Torre Cerredo aún lo es más. Para subir a los 2648 metros del techo de Asturias teníamos dos opciones. Una era subir hasta el refugio Urriellu, al pie del Naranjo de Bulnes, pasar noche allí, y al día siguiente ir hasta el Torre Cerredo. La alternativa era hacerlo todo del tirón desde la furgo, es decir, desde Pandébano.

Como veníamos bastante rodados, y además dentro del refu no se podía dormir por la pandemia, tenías que subir la tienda, y pagar igualmente, decidimos hacerlo del tirón. La excursión, tal y como la esperábamos, se hizo algo larga, pero tuvimos un día impecable y, una vez más, pudimos disfrutar de Picos de Europa en todo su esplendor.

Tras haber hollado los techos de tres comunidades autónomas más para nuestra colección, volvimos poquito a poco hacia Fiscal, haciendo una paradita en un bosque de secuoyas que hay en Cabezón de la sal, Cantabria.

Dias más tarde llegaron a Fiscal Laia, Roger y la pequeña Berta. Con ellos nos fuimos a hacer una excursión que hacía tiempo que queríamos hacer. Siempre habíamos visto unas fotos muy bonitas del Pic du Midi d'Ossau, con un lago, caballos, y el Midi de fondo. Pues bien, las fotos siempre están tomadas desde el Ibón de Anayet, así que miramos un poco la logística, y allí que nos fuimos.

El día fue demasiado frio para la época, el Midi estuvo bastante tapado todo el rato, y los caballos estaban en la vertiente opuesta al Pico de Anayet, así que no pudimos tirar ninguna foto como las que yo había visto, sin embargo la excursión fue igualmente bonita, Gigi y yo nos estiramos y subimos el Pico de Anayet (2545m) y ahora ya conocemos este bonito paraje, al cual habrá que volver en otra ocasión.









1 ago 2019

Tanzania

En mi ordenador tengo una carpeta llamada travel and mountains, con subcarpetas donde a lo largo del tiempo he ido guardando información sobre esos viajes que siempre he soñado hacer. Una de esas carpetas se llama Tanzania, y contiene algún documento del 2001 sobre el Kilimanjaro. Unos 20 años he tardado en cumplir este sueño de viaje.

Durante los preparativos para el viaje nos pasó una cosa curiosa. Resulta que Gigi estaba trabajando en Roquetes, una compañera de trabajo le dijo que conocía a un Tanzano que vive desde hace unos años en Barcelona. Este chico, llamado Kc, accedió a que le conociéramos y le explicáramos nuestra idea de viaje.

Al cabo de unos días de conocer a Kc y su simpática hija Alice, nos dijo que teníamos que ir a conocer a una hermana suya, Zanura. Allí que fuimos un día, a conocer a Zanura, una encantadora y guapísima Tanzana que vive por la zona de La Garriga. A Zanura se le iluminaban los ojos hablando de su país, y al cabo de unos días nos puso en contacto con Sandy, también conocido como Zebra. Sandy està afincado en Cataluña, pero trabaja como guía en Tanzania durante la temporada, posee su propia agencia, Lilac Safari, y también nos ayudaría con la ascensión al Kilimanjaro.

Intentaremos relatar cronológicamente como fue nuestro estancia en Tanzania, pero como fueron cinco intensas semanas, seguro que se nos quedaran muchas cosas en el tintero. Además, en este post solamente veis una pequeñísima parte de las fotos que hicimos. Al final os pongo un enlace a una carpeta con una selección más extensa. La calidad de la mayoría de las fotos no es buena, en parte porque no somos fotógrafos, y en parte porque nuestro material no es nada profesional, sino todo lo contrario. Sin embargo, cada una de ellas nos sirve para inmortalizar momentos únicos que nos encanta recordar.

Volamos directamente al aeropuerto Kilimanjaro, a donde nos vino a buscar Amos, quien sería nuestro guia en el Kilimanjaro. Fuimos al hotel, en Moshi, y como hacía rato que ya era de noche, salimos a buscar un bocado antes de ir a dormir. En un tenderete cercano tuvimos nuestro primer contacto con las samosas. Casi sin poder hacernos a la idea de que ya estábamos en Tanzania, volvimos al hotel para preparar las bolsas. Las cosas de safari y de playa se quedaban en el hotel, mientras que en el petate y las mochilas nos llevaríamos lo necesario para el intento al Kilimanjaro.

A la mañana siguiente fuimos en una preciosa y localmente típica Toyota Hiace hasta una de las entradas del parque nacional del Kilimanjaro, la Rongai Gate. En total fue una semana de expedición, pasando por los campos Sekimba, Kikelewa Caves, Mawenzi Tarn, Kibo Hut, y finalmente la cima del Kilimanjaro.

Desafortunadamente, a pesar de ir bastante bien preparados, Gigi reaccionó mal a la altitud después de llegar al campo Mawenzi Tarn, a unos 4300m. Sin tiempo para recuperarse, tuvimos unas horas inciertas hasta que tomamos la decisión de dividir el grupo. Gigi bajaria con Amos y dos porteadores, mientras que yo y el resto del grupo intentaríamos seguir.

Del resto de la ascensión, solo explicaré que hice cumbre, pero no entiendo la obsesión que tiene la gente por llegar a la cima del Kilimanjaro para ver salir el sol. Conseguir eso significa salir del campamento a medianoche, caminar durante toda la noche sin ver absolutamente nada, y no aguantar mucho en la cumbre porque a esas tempranas horas hace frio y hay que moverse. En mi opinión, sería todo mucho más lógico si se sale del campamento hacia las 3, o incluso las 4 de la mañana. El objetivo no es ver la salida del sol desde la cumbre, el objetivo es llegar a la cumbre!

En cualquier caso, después de estar un rato en la cumbre del Uhuru Peak (5895m), nombre que significa libertad en Kiswahili, ya sabía que esa cumbre me dejaría un sabor agridulce, ya que faltaba Gigi. Desde entonces, ya ha salido en la conversación un par de veces volver, para poder subir juntos.

La bajada la hicimos por la ruta Marangu, también denominada la ruta de la Coca Cola por ser la única que tiene refugios en los campamentos, y la más gradual desde el punto de vista del terreno. Aunque teóricamente también es la más popular, a mi me pareció que había muy poca gente. Después de hacer una noche en el campo Horombo, al mediodía siguiente nos encontramos en la puerta Marangu con Gigi, que estaba completamente recuperada de su episodio de mal de altura.

Tras los abrazos y besos correspondientes, cargamos todo en otra Toyota Hiace, nos despedimos del Kili, fuimos dejando a los diferentes miembros del equipo por el camino, y acabamos en un hotel a las afueras de Arusha, donde nos encontramos con Sandy. Allí, se repetía el mismo patrón que el primer día. Empaquetamos las cosas de montaña y playa para dejarlas en el hotel, y ponemos en las mochilas los prismáticos, los chalecos y las máquinas de fotos para iniciar la aventura del safari africano! Sandy, perfecto conocedor de todos los parques, nos preparó una ruta de una semana, durante la cual, y en orden cronológico, visitaríamos los parques del Lago Manyara, el Serengueti, el cráter del Ngorongoro, y Tarangire. Las palabras no harían justicia al torbellino de sentimientos, sensaciones y vivencias de una experiencia de esta magnitud.

Nos ha costado horrores hacer la selección de las fotografías que queríamos incluir, ya que allá donde mirabas, había un animal, o dos, o tres, y en aquel momento pensabas que quizás no lo volverías a ver en aquella posición de nuevo. Jirafas, elefantes, leones, leonas, guepardos, leopardos, hienas, hipopótamos, beduinos, impalas, avestruces, búfalos... No pudimos tener un guía mejor que Sandy, o Zebra, como le llaman en su tierra, y nuestro fantástico e inigualable cocinero Babatao.

Todos los parques que visitamos fueron increibles, pero por extensión, diversidad, sentimiento de estar totalmente rodeado de sabana africana, y libertad, el parque estrella es el Serengueti. De hecho, en este parque fue donde en uno de los campamentos que estuvimos durmiendo en tienda, Tumbili Camping Site, al salir de la ducha a Gigi le pasó una hiena por delante como si fuera un perrito. Y es que los campings no tienen ningún tipo de barrera ni cercado.

Ahora bien, si el Serengueti fue el parque más impactante, el camping más espectacular fue el Migombani camp, situado delante de la puerta de entrada del parque del Lago Manyara. El camping está situado en un alto desde donde se divisa gran parte del lago, y está salpicado de grandes boabads, cosa que lo hace único.

Al acabar la ruta de safaris, había que volver a Arusha. Le pedimos a Sandy que nos dejara en algún sitio céntrico y económico, y así nos encontramos en el hotel Natron Palace de Arusha, justo al lado de la céntrica estación de autobuses.

Nosotros no lo sabíamos, pero al día siguiente negociamos un precio por noche y nuestra habitación se convirtió en nuestro centro de operaciones para el resto del viaje, tres semanas para las cuales teníamos algunas ideas, pero no habíamos programado absolutamente nada.

Cuando nos despedimos del equipo al bajar del Kili, nos intercambiamos números de teléfono y email con algunos de los porteadores. Aydid fue uno de ellos, y un dia quedamos para dar una vuelta con él. Después de todos estos días de expedición y safaris, en un país donde hay que negociar y regatear absolutamente todo, no nos iba mal que una persona local nos diera alguna referencia sobre el precio de las cosas.

También, casi sin pensarlo, nos dimos cuenta que ya íbamos estableciendo algunos lugares como fijos, por ejemplo para comer o cenar, o para tomar un té, o tomar una cerveza La inmensa mayoria de los turistas viajan a Tanzania en una burbuja. A nosotros, después de unos días, ya había algunos Tanzanos cercanos al hotel que, de vernos pasar, hasta nos saludaban.

Una de las primeras cosas que hicimos esos días de descanso por Arusha fue averiguar cuanto costaría que Gigi se pusiera extensiones, y un sitio donde yo me pudiera cortar el pelo. No nos costó mucho encontrar un sitio donde pusieran extensiones, y así de repente, a Gigi ya no la miraban por la calle por ser blanca, sino que algunos locales incluso la felicitaban por ese pelo.

En mi caso, el corte de pelo fue al más auténtico estilo tanzano, como podeis ver en alguna foto. Fué tan barato, creo que un dólar, que me corté el pelo tres veces en un mes, y es que además ir a la barbería, situada en el hueco de una escalera de un edificio, era toda una experiencia.

Otro de nuestros objetivos fue conseguir ropa discreta, es decir, que no fuera ni de montaña, ni de safari. Con esa idea en mente, y usándola como excusa, nos fuimos recorriendo todos los mercadillos de la ciudad, sin comprar nada, simplemente explorando e intentando establecer referencias de precios. Al final, tanto Gigi como yo nos compramos unos tejanos y una sudadera, evidentemente de segunda mano, como la mayoría de las cosas que usa la gente allí.

A todo esto, un día decidimos organizar una expedición al Mount Meru, que con sus 4562 metros es el segundo de Tanzania y la quinta montaña más alta de África. Y quien mejor que Aydid, que en aquel entonces ya hablaba sobre que uno de sus objetivos era llegar a ser guía, para ayudarnos con los preparativos.

En cuestión de un par de días, ya estaba todo organizado, y nos dirigíamos a la Momella Gate, situada a 1500 metros de altitud y desde donde empezaríamos a caminar. Lo más curioso de la ascensión al Mount Meru és que transcurre íntegramente dentro del Arusha National Park, una reserva donde hay todo tipo de animales como monos, elefantes, jirafas, cebras, leopardos, y búfalos. Por eso, el grupo tiene que ir acompañado por un ranger, que va armado con un rifle.

De subida todo transcurrió sin problema, sin embargo todavía recuerdo que de bajada uno de los días tuvimos que bajar desde el campo Saddle Hut hasta Miriakamba sin nuestro ranger, ya que tuvo que acompañar a unos alemanes con quienes compartíamos grupo y tuvieron problemas de altura. Durante esa bajada, que transcurre en buena parte a través de una selva muy tupida, divisamos unos cuantos búfalos, claramente vimos como nos estaban observando, y estaban bastante cerca. Nosotros no fuimos suficientemente conscientes del peligro potencial al que estábamos expuestos, pero alguno de nuestros porteadores, y sobre todo nuestro guía, estaban realmente preocupados.

Aparte de esa situación, nuestra ascensión al Mount Meru fue como la seda. Gigi, aunque en el Kili había tenido problemas, estaba todavía perfectamente aclimatada, y con este pico marcaba un nuevo techo personal. Originalmente, yo le había propuesto a Sandy haber venido al Mount Meru a aclimatar, y posteriormente ir a intentar el Kilimanjaro, pero por cuestión de fechas no podía ser. Ahora, a toro pasado, y teniendo en cuenta experiencias mías anteriores en los Andes y el Himalaya, tengo claro que mi idea original era la correcta.

Cuando por fin llegamos a la base de la montaña, nuestro ranger nos preguntó si queríamos ir a buscar algunos animales. Obviamente dijimos que sí. Ir caminando por una reserva con fauna salvaje, aunque vayas acompañado de un rifle, genera una sensación especial, ya que te encuentras al mismo nivel que los animales, sin la protección de un coche. Mientras caminábamos, de repente de debajo del suelo y a unos cuatro o cinco metros por delante nuestro, salieron en estampida un grupo de unos seis o siete jabalies verrugosos, o facoceros. Sí, el famoso Pumbaa del rey león!

Un poco más adelante, de entre unos árboles aparece la cabeza de una jirafa, y a medida que avanzamos hacia un claro, empezamos a ver una, dos, tres, cuatro... un nutrido grupo de jirafas. Nos acercamos lo que considera el ranger que es prudente, y nos paramos. El espectáculo és indescriptible. Estamos de excursión, bajando de una montaña, y a escasos metros de un rebaño de jirafas. Una de ellas se acerca hacia nosotros, se planta justo delante, nos observa durante un rato, y luego vuelve con el grupo.

De esta manera, el Arusha National Park nos quiso hacer un regalo antes de acabar la expedición. Puedes ver documentales por la tele, puedes ver animales en zoológicos, pero nada compara el vivir en primera persona un encuentro como este.

Tras el Mount Meru, volvimos a nuestro centro de operaciones en Arusha, y empezamos a maquinar lo que sería el siguiente capítulo de nuestra estancia en Tanzania. Desde Barcelona, siempre habíamos pensado en alquilar una furgoneta y recorrer algunas zonas por nuestra cuenta, en particular Zanzibar.

Sin embargo, al final abandonamos la idea, principalmente por presupuesto, y porque no nos pareció fácil. Así, después de hablar con Aydid, que este nos explicara que su hermana vive en Dar Es Salaam, desde donde se cogen los ferries a Zanzibar, que él nunca había estado ni en Dar, ni en Zanzíbar, y que le encantaría ir, nos pusimos manos a la obra.

El viaje desde Arusha a Dar lo hicimos en el Kilimanjaro Express, un coche de línea que por un módico precio hace el trayecto diariamente. Una buena manera de ver el país, ya que son unas 12 o 14 horas por carretera, viendo y experimentando todo igual que los locales. Una vez en Dar, fuimos a visitar a Marina, la hermana de Aydid.

Su marido, curiosamente con nombre castellano, Agustín, nos llevó a buscar el ticket para el ferry, el cual es significativamente más caro si eres extranjero. La nota divertida en Dar Es Salaam, que es una ciudad bastante grande y gris, la dieron los sobrinos de Aydid, de nombre Megan, Mebo y Mabri, y una primita, Bright.

Al día siguiente cogimos el ferry, y en un par de horas ya desembarcábamos en Zanzibar. Zanzibar City es la capital de la región de Zanzibar, un archipiélago formado por varias islas, la más grande de las cuales es Unguja, que recorrimos de norte a sur y de este a oeste en dala dala. Zanzibar City es encuentra en la parte oeste de la isla.

De Zanzibar nos encantó el casco antiguo, que recorrimos decenas de veces durante los cinco días que estuvimos por allí. Además, durante esos días cambiamos de alojamiento tres veces, siempre buscando la opción más económica, y a la vez conociendo nuevos anfitriones y rincones de la ciudad. Sin embargo, el resto de la isla nos decepcionó un poco, ya que es mayoritariamente turístico, incluso con tramos de costa privados.

Nos llevamos las gafas para hacer snorkelling, però si realmente quieres ver algo tienes que pagar una barca y perderte en alguna otra isla. Aún así, nos echamos unas buenas risas, y Aydid, que solo entonces nos confesó que nunca antes había visto el mar, pudo pegarse unos buenos baños en el Océano Índico.

Zanzibar, sin embargo, no parece ser parte de África. La mayoría de la población és musulmana, y tiene una gran influencia árabe, de los tiempos en que la ciudad era un centro neurálgico de tráfico de esclavos, marfil y especias.

Después de un movidito trayecto en ferry para volver desde Zanzibar a Dar, pasamos una noche en la capital en un hotel que nos consiguió Marina y donde parecía que nunca habian visto europeos. A la mañana siguiente, super temprano, teníamos que coger el Kilimanjaro Express de vuelta a Arusha. Habíamos quedado con Agustín y Aydid, que se había quedado a dormir en casa de su hermana, unos 30 minutos antes, para así llegar a la estación de autobuses tranquilamente.

Pero si los safaris y subir a las dos montañas más altas de Tanzania habian conllevado algún pequeño riesgo, eso no fue nada con lo que pasamos en esos 30 minutos. Resulta que el coche de Agustín se había quedado bloqueado por otros coches que habian aparcado mal durante la noche.

Aydid empezó a venir caminando hacia nosotros. Nosotros, que teníamos una tarjeta SIM tanzana, estábamos prácticamente sin saldo, esperando ansiosos delante de la puerta del hotel. Cuando Aydid por fin aparece, lo hace en una moto. Pràcticamente no hay tráfico, no se ve un alma en la calle. Tenemos una moto y un conductor, pero nosotros somos tres, y además con dos mochilas un poco grandes. Los minutos van pasando, y no parece que vayamos a llegar a tiempo al autocar!

El chico de la moto nos dice que nos esperemos un momento. Arranca y se va. Al cabo de un interminable minuto, o eso me pareció a mi, aparece de nuevo nuetro motorista, seguido de otra moto. Errrrrr... un momento... espera... pero si somos 3!.

Aydid y Gigi se subieron en una de las motos, yo me subí en la otra, y empezamos una pseudo-persecución por las calles de tierra de los suburbios de Dar, obviamente nosotros tres sin casco. A nuestro lado, Tom Cruise en Mission Impossible es un aficionado!

Aún no sé ni como, pero llegamos a la estación, y pudimos subir al autocar unos segundos antes de salir!

Nuestro viaje empezaba a tocar a su fin, así que una vez de vuelta en Arusha, dedicamos los últimos días para hacer algunas compras, y visitar algun mercadillo rural, cosa que nos encantaba ver porque son una perfecta representación de la vida de los tanzanos, incluidos los Maasai, que lejos de lo que pensábamos nosotros antes de ir a Tanzania, son un pueblo muy numeroso y muy sociable.

Un viaje que no nos ha dejado indiferentes, una tierra privilegiada, una cultura llena de aspectos que nos hacen reflexionar sobre la vida. Algún día esperamos volver.

Asante sana, Tanzania! Y muchas gracias a todos los que, de una manera u otra, habeis sido parte de este viaje y habeis hecho que sea tan especial.

¿Quieres ver más fotos? Pincha aquí!

Y al final puedes ver una pequeña compilación de vídeos que iba haciendo Gigi con su móvil.