9 sept 2022

El Camino de Fanny

Hace unos años, Fanny me comentó que quería hacer el Camino de Santiago. Fanny es la mujer de mi padre, y aunque está jubilada, nunca es fácil coincidir con tiempo libre para hacer una actividad de varios días. Cuando yo podía, ella no, y viceversa. Este año, mi hermana Krola también quería ir a hacerlo, así que habíamos planeado que ellas dos irian caminando, y yo iría con mi padre en la furgo siguiéndolas y haciendo de apoyo.

Al final a mi hermana se le torcieron las cosas, la Fanny se iba a quedar sin su Camino este año, y como yo había bloqueado los días, le propuse ir y hacerlo ella y yo solos.

Fanny no tardó en decir que sí. Además, a mi padre y a Krola les parecía bien el plan. Así que en cuestión de horas me hice la mochila y me fuí con la furgo a Valbona (Teruel) a recoger a Fanny.

La mochila de Fanny fue más complicada de montar, ya que aún le faltaban cosas, incluida la credencial, que obviamente yo tampoco tenía porque en principio no iba a hacer el Camino. De esta manera, con lo mínimo, nos fuímos con la furgo hacia Sarria, que sería nuestro punto de partida. De camino, dormimos en una área de caravanas bastante chula en Hontoria del Pinar (Soria), y por la mañana hicimos una parada técnica en el Decathlon de Burgos para pillar una toalla/gamuza y un jersey algo técnico para Fanny.

Hacia las 3 de la tarde llegábamos a Sarria. Un poco más tarde de lo que yo quería, pero enseguida hicimos el check-in en el albergue municipal, compramos las credenciales, aparcamos la furgoneta en un buen sitio para dejarla una semana, y nos fuimos a comer. Todo iba saliendo según mi plan mental, y al día siguiente saldríamos a hacer la primera etapa. Fanny estaba algo nerviosa, pero había estado entrenando y venía fuerte, tanto física como mentalmente.

Del Camino, como ya es costumbre, no explicaré gran cosa, ya que es algo que cada uno vive de manera diferente. Tuvimos tres días con calor al mediodía, y el último día con algo de lluvia. Fanny sufrió algo de los pies a partir del tercer día, debido a que llevaba unas zapatillas que le venían algo justas. Queda claro que una cosa es hacer salidas cortas para domar un calzado, y otra diferente hacer 20 o 30 kilómetros cada día, día sí y día también. Al final el último día lo hizo en sandalias y calcetines, al más puro estilo germano. Pero como muchos dicen, no pain, no glory, o lo que es lo mismo, sin pena no hay gloria.

Hemos conocido y coincidido con gente muy entrañable, tanto gente mayor, como de mediana edad, y muchos jóvenes. En mi caso, he encontrado curioso el ir caminando, ya que todos los Caminos que he hecho he ido en bici, así que he podido ver las cosas desde el punto de visto de los peregrinos, y entiendo mejor como ven a los bicigrinos.

Todas los días, que al final han sido cinco días y 114 kilómetros, dormimos en los albergues municipales, y el último día volví a ver a nuestro queridísimo Issac en el albergue de Santiago. Fanny llevó su mochila todos los días, y aunque al principio le costaba un poco ponérsela y ajustarla, al final se sentía desnuda sin ella. Ha sido una auténtica peregrina, y en el viaje de vuelta ya estaba maquinando cuando hará, y cual será, su próximo Camino.

Buen Camino, Fanny!